Porción 115: La disposición para enfrentar retos.

Texto áureo: Dt. 9

Lecturas para adultos en la semana:
Dt. 9; 2 R. 9-10; Sal. 58-59; Ez. 21-22; Lc. 10.1-16; Col. 1

Descripción del tema:
1. Ante la inminente entrada del pueblo de Israel en la tierra prometida, Dios les habla claro, porque el hecho de Él estar al frente de todo no significa que la batalla vaya a ser fácil. No por falta de poder en Él, sino por la necesidad que tenemos de crecer en cada situación. Hay situaciones y “gente aterradora” que pudieran hacer flaquear la fe que será probada como el oro. Ante estas, la fidelidad y la confianza en Dios se van a poner en práctica casi de una manera aparentemente “absurda” para los atacantes y el mundo, pero si hasta aquí se consciente de que el Señor les ha traído ese es el testimonio que le hará permanecer firme en la batalla. Con esto no se está hablando de esas “victorias” espirituales inventadas que nacen en la superstición humana y que muchas veces los creyentes se ponen como metas, sino de un andar seguro en la voluntad de Dios. Fue Él desde un primer momento quien le dijo al pueblo que los traería a esta tierra y no un mero empeño de una nación pretenciosa, por tanto, Él les guardaría en medio de cualquier situación o enemigo por grande que pareciere.

2. Muchas veces oímos preguntas como ¿si Dios es bueno, por qué permitió que aquellas pobres naciones fueran destruidas por Israel? En el v.5 encontramos la respuesta. Aquellas naciones no eran más inocentes que Sodoma y Gomorra, sus pueblos ya habían sido puestos en la balanza y hallados malos.

3. Al leer Ex. 32.19 surge una pregunta: ¿por qué reitera que Moisés tomó las tablas, y luego que las arrojó de sus dos manos? Recuerde que nada en el texto está sin un objetivo divino. Moisés, como hemos visto, estaba entregado por completo al pueblo de Dios, lo amaba y estaba dispuesto a todo por ellos. Interesantemente, el verbo empleado etpos (אֶתְפֹּשׂ) sugiere que él ‘sujetó para sí’ las tablas (o sea las transfirió a su propiedad), y cuando las quiebra como eran su propiedad quedaban en su única responsabilidad, sin añadir más mal al pecado que el pueblo estaba cometiendo. De la misma manera como Moisés no abandonó al pueblo, así los líderes hoy no deben abandonar al rebaño y, aún más, estar dispuestos a pararse en la brecha por aquellos que son sus hermanos.

4. En Ex. 9.21 Moisés cita el hecho idolátrico en que el pueblo usó su oro, que en realidad Dios les había dado al salir de Egipto cuando les dijo que pidieran a su vecino y no lo devolvieran como pago por su esclavitud. El Señor también enseña que todo fue hecho para Él y este enunciado refleja el principio de que todo lo existente en este mundo fue destinado por Dios para ser un instrumento de la verdad[1]. Es decir, y aplicando lo anterior a este texto, el objetivo principal por el cual fue creado el oro en este mundo era el tabernáculo y el templo que Él tenía en su plan eterno construir. Sin embargo, como consecuencia del libre albedrío humano, una vez creado el oro los hombres tenían la posibilidad de hacer uso de él con otros objetivos, inclusive mundanos que podrían hacerles hasta asesinar por obtenerlo. A pesar de esto, se debe entender que la utilización para el mal de los elementos creados por Dios no altera en ninguna medida el objetivo original para el cual fueron creados. Por el contrario, cuando se utilizan estos elementos físicos para difundir la verdad, es ahí que los lleva a su objetivo y perfección inicial por el cual fueron creados.

Preguntas:
a) ¿Qué diferencia encuentra usted entre una buena meta y una meta puesta por Dios?

b) ¿Qué diferencia y similitud encuentra usted entre la actitud de Moisés en comparación con la de Bernabé y Pablo? (Dt. 9.17 vs. Hch. 13.51).

¿Qué actitud considera debe tomar su iglesia local con la naturaleza que le rodea (jardín, árboles, etc.) para dar testimonio de un Dios que creó todo con un propósito eterno?

 


 

[1] Col. 1.16