Porción 121: El Diezmo.

Texto áureo: Dt. 14.22-29

Lecturas para adultos en la semana:
Dt. 14.22-29; Mt. 7; Mt. 17.14-27; Mr. 12.1-27; Mt. 22.15-22; 1 Co. 16

Descripción del tema:
1. En esta y la siguiente porción se habla de los tres tipos de diezmos: (1) El usado para visitar e invertirlo en el templo, (2) El sacado de todo lo que se cosechaba o ganaba, (3) El que se daba cada siete años a los pobres.

2. En cuanto al diezmo, por ser un tema muy usado para la crítica (claro está, como consecuencia también del mal uso que muchos hacen de éste), se debe entender que Dios no necesita el dinero de ningún ser humano. Él es suficiente para suplir todo para Sí y para su pueblo[1]. Él es dueño de todo y no un mendigo que necesita monedas.

3. El v.25 amplía el concepto de diezmo que era sobre los alimentos que se comerían en las peregrinaciones al lugar donde estuviera el tabernáculo (luego el templo), y sobre el dinero o costo de esos alimentos que sería entregado cuando fuere la oportunidad de estar en el santuario.

4. Un texto contradictorio para muchos hoy (como consecuencia de un mal enfoque en cuanto a las bebidas que contienen alcohol), pues también habla acerca de que se debe diezmar, se encuentra en el v.26. Algunos presentan el vino como una especie de jugo sin alcohol para así quitar el problema de sus consecuencias y simplemente prohibirlo. Algunos textos contradicen esta manipulación de los idiomas bíblicos: 1 Sam. 25.37; 2 Sam. 13.28; Ef. 5.18; Ap. 17.2; entre muchos más. La Biblia enseña cuál es el buen vino: Aquel que «alegra el corazón del hombre»[2]. Debemos recordar que Jesús en las bodas de Caná hizo el mejor vino, o sea que a la luz de lo anterior y en la opinión de los que sabían del tema en aquel entonces, era el que más podía “alegrar” al hombre. En esta porción Moisés va un poco más allá de solo vino, diciendo: «vino y de bebida fermentada más fuerte en alcohol», lo que muestra que Dios nunca prohibió eso, aunque sí prohibió que la persona tomase alguna bebida alcohólica desmedidamente, perdiendo el control de sí misma. Ante una situación como ésta de embriaguez (que es aún la simple pérdida de control de sí mismo aun sin haber llegado a estar inconsciente), el creyente debe pedir perdón a Dios y a los que de alguna manera han sido afectados por esta situación y trabajar en lograr el control (dominio propio) sobre esta debilidad. También se debe entender que Dios no ordena el tomar bebidas alcohólicas, sino que está diciendo que es permitido solo si se tiene control sobre la bebida. Por eso si alguien considera que beber alguna sustancia alcohólica le hace daño, e inclusive al extremo que otros beban delante de él (tal vez por una vida alcohólica pasada), debe abstenerse hasta tanto tenga el dominio propio para controlarse de no caer en el descontrol. En cuanto a esto, aquellos que sí tienen el control sobre el alcohol deben ayudar a los más débiles para no serles de piedra de tropiezo, absteniéndose de tales bebidas en caso de que lo sea[3], y al hacerlo debe abstenerse él de emitir juicio sobre los demás[4]. También es bueno dejar claro que, aunque el vino alegra el corazón del hombre, los que hemos creído en el Mesías no lo tomamos con este propósito; sabemos que la verdadera alegría es únicamente a través de la llenura en el Espíritu[5].

Preguntas:
a) ¿Por qué considera usted que Dios exige el diezmo?

b) ¿Qué beneficio puede tener esta exigencia para el hombre?

c) ¿Cómo le explicaría usted a alguien que le cuestione sus diezmos al Señor?

d) Si un hermano exalcohólico le cuenta de su debilidad todavía al respecto, ¿cómo le aconsejaría usted y le ayudaría?

 


 

[1] Mt. 17.27

[2] Sal. 104.15

[3] 1 Co. 8.13

[4] Ro. 14.1-15.6

[5] Ef. 5.18