Porción 130: La convivencia.

Texto áureo: Dt. 21.10-22.12

Lecturas para adultos en la semana:
Dt. 21.10-23; Dt. 22.1-12; Pr. 11; Jr. 2-3; 2 Co. 7; 1 Tim. 3

Descripción del tema:
1. Esta porción nos permite percibir que la vida se trata de algo más que la mera existencia. Las palabras: «Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y el Señor tu Dios los entregare en tu mano…»[1], hacen referencia no sólo al sentido estricto de una batalla física, sino que al decir «tus enemigos» también implica la lucha que cada uno debe enfrentar para conquistar al más efectivo de sus enemigos: Su propia carne. Dios promete que, si se toma la decisión de seguir adelante en esa lucha contra ese enemigo interior, Él lo entregará en nuestras manos. O sea que, si realmente nos decidimos por derrotar nuestras cualidades negativas y malos hábitos, Dios hará el resto y lograremos controlar esas pasiones en vez de que ellas nos dominen. Como se ha explicado a lo largo de este discipulado las mitzvot (mandamientos) están diseñadas para educar y guiar al ser humano, para que pueda así cumplir con su misión en la vida de servicio a Dios. Por ejemplo, el mandamiento que encontramos aquí acerca del hijo rebelde (Dt. 21.18), permite entender la importancia crítica que deben tener los padres para evitar las tragedias resultantes de las diferentes etapas de la vida de los hijos.

2. Otro mandamiento interesante es aquel relativo a ayudar a un animal (Dt. 22.4), que no sólo enseña algo positivo al aliviarle de su carga, sino que abre los ojos a su sufrimiento. De aquí se aprende que se debe pensar y revisar las relaciones con otras personas y ser sensibles con las cargas y el dolor en el corazón de nuestros hermanos. Hoy en día hay tantos problemas que afectan, tantas personas que se sienten solas y lastimadas, que han perdido sus trabajos y les cuesta llegar a fin de mes; muchos de ellos no muy lejanos a nosotros, por lo que deberíamos reflexionar si en alguna medida les estamos dando la espalda, pretendiendo no ver ni escuchar sus gritos. Una sonrisa, una acción amable, el escucharlos, hablarles con amor, brindar la mano sin aquel peligro del garrote que despierta miedo a ser saqueado o simplemente ayudarles a llevar las cargas de la vida, son elementos que fluyen de alguien que mira y atiende a su prójimo.

3. Aquí también el Señor habla de devolver los objetos perdidos (Dt. 22.1-2). Desde una perspectiva simple se puede entender que no solo hay que devolver objetos perdidos a sus dueños, sino qué se debe hacer incluso cuando pudiera producir un inconveniente el hacerlo. A un nivel más profundo y espiritual esto nos ilustra al propio Dios, quien “perdió” a muchos de sus hijos y que se han convertido en algo similar a un buey o una oveja, es decir, que se vuelven tercos como un buey o siguen a la multitud como las ovejas. No importa las situaciones que vivan, se niegan a ver la mano de Dios y todo lo entienden como una casualidad o un fenómeno natural. Sucumben a lo que está de moda, si sus vecinos son asimilados ellos también lo son. Por un lado, se debe estar atento a no ser parte del mismo extravío y, por otro, se debe entender que la mejor forma de no extraviarse es concentrarse en ayudar a regresar al perdido.

4. El texto áureo también advierte de no poner a arar juntos a un buey y a un asno (Dt. 22.10). Aunque este mandamiento pertenece a los jukim (un decreto con poca lógica porque está comprometido con un cumplimiento mesiánico), se puede aprender otra lección moral. Estos animales tienen diferentes niveles de fuerza y ritmo, ponerlos juntos a arar les traería estrés y dolor. Paralelo a esto, el buey es un rumiante y el asno come rápidamente la hierba o el grano. Esto habla de cómo tratar a personas que son diferentes. Por ejemplo, nunca se deben hacer comparaciones entre los niños, pues cada uno es especial por sus propias cualidades. Tampoco se debe comparar a tu cónyuge con otros, pues todas esas comparaciones pueden lacerar y dejar profundas heridas. Cada ser humano es una creación de Dios y, por tanto, recibió sus propios dones y talentos, así que cada uno debe dar su propia contribución a su entorno. Por eso también si alguien pensara que otro tiene más cualidades que él, debe recordar al asno que tontamente piensa que el buey tiene más comida que él porque demora comiendo. Dios da a cada hijo aquello que necesita, por lo tanto, en vez de enfocarse en lo que tienen los otros debe concentrarse en aquello que Dios le ha otorgado para ponerlo a su servicio.

5. ¿Qué pasaría en el mundo si los jueces pudieran prevenir los delitos de alguien? ¿Sería correcto poner a esa persona tras la reja? Estas preguntas son la base del mandamiento acerca del hijo rebelde. Este es un hijo que, a pesar de la disciplina recibida, elige seguir el camino del mal. Él abandona todo principio moral, e inclusive llega a robarle a sus padres. A pesar de conocer el camino correcto se rehúsa a cambiar. Al perder los padres la esperanza de ver una rehabilitación en su hijo, le llevan a los jueces para declarar que su hijo es un rebelde. Si después de investigar, los jueces hallan al hijo culpable, emiten la pena de muerte. Es interesante que en relación con tal dureza de castigo no se encuentra registro de que se haya cumplido jamás, lo que indica que es un caso de mandamientos que expresan un marco teórico. En primer lugar, porque este tiene tantas especificaciones para su implementación que la existencia de un hijo rebelde es virtualmente imposible. La pregunta sería: ¿A qué nos referimos con que pertenecen a un “marco teórico”? Que son para brindar muchas enseñanzas importantes. Básicamente enfatiza en la inmensa responsabilidad que tienen los padres al criar a sus hijos, pues los primeros que no quisieran que sus hijos sean considerados rebeldes son ellos. Si los padres se esmeran en su educación, no solo en dar información sino también de su estado emocional, es imposible que el hijo caiga en este tipo de pecado. Como diría alguien: «el duro castigo no es por crímenes ya cometidos, sino para evitar que en el futuro se hagan cosas peores». A través de este mandamiento los padres deben entender que son ellos los máximos responsables de la crianza y educación de sus hijos. Por otra parte, los seres humanos no tenemos la capacidad para saber si una persona cometerá o no un crimen en el futuro, por eso el castigo preventivo es inadecuado. Pero desde la perspectiva divina, que lo conoce todo, es muy diferente. Él trae en muchas ocasiones dificultades o castigos sobre una persona, no como si fuera un criminal agarrado in fraganti, sino como medida preventiva en contra de un error mayor en el futuro. Debemos recordar que ante Dios están revelados nuestro pasado y futuro.

Preguntas:
a) ¿En qué aspecto ve usted que 2 Co. 7 se relacione con esta porción?

Comparta con su grupo cuál fue el punto que más le hizo reflexionar de esta porción y por qué.

 


 

[1] Dt. 21.10