Porción 157: La armonía de la Escritura.

Texto áureo: Sal. 119.160

Lecturas para adultos en la semana:
Sal. 119.153-160; Jr. 8; 2 Tim. 2.14-26; 2 Tim. 4.9-22; 1 Jn. 2.1-6; Ap. 2.18-29

Descripción del tema:
1. Hay dos posibilidades acerca de quién terminó este libro, porque obviamente no fue Moisés. Es bueno señalar que son probabilidades porque ambas tienen alguna incongruencia: (1) Josué lo terminó, aunque al final dice que nunca más se levantó profeta como él, cosa que aparentemente no concuerda con la afirmación de Jesús cuando dijo de Juan el Bautista que era el más grande entre los nacidos de mujer[1]; (2) Esdras lo terminó, pero cómo sabría él que Josué no conocía dónde se enterró Moisés si nunca más habló de ese tema. A pesar de estas aparentes incongruencias hay una conclusión que da crédito a las anteriores: Josué lo terminó y Esdras lo actualizó[2].

2. La última palabra de los cinco libros de Moisés es «Israel», lo que reafirma que toda esa escritura es herencia para el bien de Israel[3]. De la misma manera, si analizamos la primera letra con que comienza el libro de Génesis (ב) y la última con que termina Deuteronomio (ל), también encontramos otra enseñanza, como ha entendido el pueblo de Israel por más 3 000 años, pues conforman la palabra lev (לֵב) que significa ‘corazón,’ por lo que el Pentateuco fue entregado para clarificar los corazones e instruir en la santidad y la misericordia que deben caracterizar a los hijos de Dios[4]. Por último, en este sentido el libro de Apocalipsis termina con la palabra amén cuya letra final en hebreo es la nun (ן), al combinar esta con la de Génesis también aparece otra palabra ‘hijo’. Dios regala la Escritura a sus hijos, quienes se someten a Él en sumisión voluntaria y viven en la familia como hijos de un mismo y único Padre. Además, esta palabra concuerda con el principio general que debe regir toda interpretación en la escritura: «porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.»[5], y este es el Hijo.

3. Por otra parte, la armonía de la Torá anuncia otra concordancia igual en toda la Palabra escrita de Dios, que incluye todo el TaNaK y los Escritos apostólicos. Cada libro de esta biblioteca (a la que llamamos comúnmente Biblia) se puede estudiar de manera independiente, pero no se puede perder de vista la conexión armoniosa y dependiente que existe con el resto de los libros de esta biblioteca. Hacer esto es descontextualizar cualquiera de los textos que se estudien de modo independiente. Por ejemplo, algunos intérpretes del Nuevo testamento tienen la tendencia de mirar sus citas textuales del “antiguo” como las referencias exactas y todo lo demás es completamente nuevo, sin entender que el pensamiento y la sintaxis del pueblo de Israel en la historia, sin ser la excepción el siglo I, está nutrido de todo este compendio dado por Dios.

Preguntas:
a) ¿Qué entiende usted que quiso decir el salmista con nuestro texto áureo?

b) ¿Qué entiende usted que quiso decir Pablo en 2 Tim 2.16?

c) ¿A qué concepto cree usted que se refiere Juan (Torá, Mitzvot, Edot, Jukim o Mishpatim) cuando utiliza la palabra mandamiento en 1 Jn. 2.4? ¿Por qué?

d) Comparta con el resto del grupo el beneficio que ha tenido al transitar por estas porciones.

 


 

[1] Mt. 11.11

[2] Para abundar en este tema estudie el Libro 4 del Discipulado Avanzado Comunitario (DAC), del propio autor (ISBN-13: 978-1686808470).

[3] Se recuerda que en este material no se tiene un preconcepto que define a Israel como la nación física y a la iglesia como otro aparte espiritual. La iglesia es el Israel espiritual que siempre ha existido (aquellos que están bajo la ciudadanía espiritual y no bajo la herencia física), en donde se insertan también los gentiles que han nacido de nuevo. Para abundar en este tema estudie el Libro 5 del Discipulado Avanzado Comunitario (DAC), del propio autor (ISBN-13: 978-1687203243).

[4] Es por esto que recomendamos terminar el ciclo de porciones, con una fiesta de alegría y testimonio para retornar al inicio del ciclo.

[5] Ap. 19.10