Porción 74

Texto áureoLevítico 19 – 20
Lecturas para adultos en la semana

Día 1: Levítico 19

Día 2: Levítico 20

Día 3: Mateo 10:16-42

Día 4: Romanos 13:1-7

Día 5: 1ªPedro 1:13-21

Día 6: Santiago 2:1-13

I- Sed santos porque santo Soy.

En esta porción aparece la muy conocida frase: «sed santos porque yo soy santo», pero la traducción no es realmente fiel a lo que el texto en hebreo expresa. Aquí aparece una alteración en la sintaxis y en vez de decir “yo soy santo” dice “santo soy yo”. En español no marca mucha diferencia, pero en hebreo esto ocurre porque se quiere expresar que la santidad de Dios es exclusiva, o sea nadie puede ser santo exactamente como Él es. En pocas palabras: ¡Dios es único! Poe eso la santidad que Él exige no es a la medida exacta de su naturaleza, pues Él sabe que es única. La santidad que Dios exige siempre será a la medida exacta de la naturaleza humana.

Por ejemplo, aunque un ventilador eche aire y en alguna medida lo mismo hace un huracán, nunca el ventilador será un huracán. La santidad demandada al hombre nace en el deseo diario, constante y genuino que se expresa en acciones con esas mismas características para imitar la santidad única de Dios. Es así como la santidad humana también es única y tiene su imagen y semejanza en Dios. Cuando se vive de ese modo único, es lo que se conoce como “santificar a Dios”, y es, de manera sencilla que el resto de la creación pueda ver esa expresión de Su santidad a través de Sus hijos.

Sin embargo, cuando el hombre no es capaz de reflejar en sí mismo esa santidad exclusiva de él, eso está mostrando que hay algo que no está bien en su naturaleza. Por eso cuando Dios exige la santidad en el hombre no es un mero antojo suyo sino es la manifestación de su amor para que el hombre pueda entender su necesidad de salvación y regeneración.

II- La santidad es una necesidad básica del ser humano.

Un par de preguntas que nacen aquí son: ¿Qué beneficio trae la santidad?, porque Dios no dice que va a recompensar esa santidad. La respuesta es simple: “Vivir al nivel de la santidad es un beneficio en sí mismo y nada es comparable a eso”.

La otra pregunta sería: ¿Por qué ha de ser legislada la santidad? Su respuesta tampoco pierde la simpleza: “Las limitantes que llevan al ser humano a un relativismo conclusivo de su realidad, por un engañado lógico de su propio corazón, le obligan a depender del único Ser absoluto para poder definir el modo de vivir correcto y el incorrecto”.

III- Dios enseña aún el vivir familiar.

De forma general podemos decir que estas porciones acerca de los mandamientos (mishpatim) son las bases de la sociedad ideal. A través de ellos Dios presenta una serie de disposiciones que tienen que ver con la familia. La razón para esto se encuentra en que nadie puede pretender alcanzar la santidad en este mundo sin comenzar a vivirla dentro de su familia. Con relación a esto alguien decía en una ocasión: «Si queremos saber cómo es realmente una persona en cuanto a santidad lo mejor es verle desenvolverse en su familia».

Interesantemente se van a encontrar a estas disposiciones (las que tienen que ver con la familia, con la sociedad y con el individuo) en medio de los sacrificios llamados: shelamim. Esto apunta también a una realidad para toda criatura de Dios: “No puede haber una relación perfecta entre los seres humanos, y aun consigo mismo, sin tener presente y desarrollar primero la relación con Dios”.

Preguntas:

1.- ¿Por qué cree usted que Dios manda a ser santo a cada miembro de su congregación?

2.- ¿Cómo considera usted que se relaciona Mt 10:17-31 con esta porción?

3.- ¿Cómo se ve en la práctica Lv 19:13-14?

4.- ¿Por qué cree usted que Dios une dos ideas en Lv 19:16?

5.- En cuanto a los encantadores y adivinos sabemos que hay personas impostoras, que hay personas que se creen la falsedad y hay quienes realmente adivinan cosas que van a pasar. A la luz de esto, ¿cómo se debería interpretar Lv 19:31?

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