Una clase para niños (3–13 años).

    En una ocasión, un maestro preguntó a un niño: «¿Sabes leer?», y este respondió: «No sé leer, pero sí sé escribir». El maestro se sorprendió grandemente y le pidió que escribiera algo. El niño hizo un garabato y el maestro sorprendido le dijo: «A ver, léeme lo que escribiste». El niño, asombrado por la pregunta, le contestó: «Pero si ya le dije que no sé leer».  Esta historia, aunque graciosa nos representa una realidad de la educación: ES IMPRESCINDIBLE ESCUCHAR Y ENTENDER A LOS DISCIPULOS PARA PODER ENSEÑARLES. 

    El foco en el cual el maestro debe concentrarse no es cuánto aprendió el alumno de un tema determinado, sino cuánto le hizo de bien aquello que aprendió. Basado en esto es que el maestro debe entender que la comunicación no es hablar, sino transmitir el mensaje de la mejor manera posible en que este llegue al niño. Y esa mejor manera depende enteramente de las características del niño. Por eso escuchar y entender a los alumnos es imprescindible, pues no se trata tanto de cómo hacer para que entiendan al maestro, sino de cómo hacer para entenderles a ellos.

    Uno de los grandes peligros que corren los maestros es cuando se proponen impartir la clase que han preparado y no se dan cuenta de que la mejor clase es aquella que precisamente rompe el esquema que preparó. ¿Por qué esta puede ser la mejor forma de impartir una clase? Porque este modelo de libertad metodológica le permite al maestro aprovechar cada situación y personalidad de su clase y guiarla al contenido que necesita el discípulo.

    Paralelo a esto el maestro puede enfrentar un problema al desear aprovechar todo el potencial de su aula y es que el ser humano aprende desde muy pequeño a esconder las características que componen su carácter y personalidad. Por eso el maestro necesitará recursos que le ayude a explorar a sus pupilos, una especie de rayos X de su interior. Este recurso para cualquier edad es el juego.

   Sin embargo debe tener algo muy claro y es que hay dos maneras de jugar: cuando el juego no lleva a ningún final y cuando su propósito está definido para enseñar. Muy a pesar de lo que muchos plantean, se debe entender que ambos son muy importantes. El primero es aquel que ayuda a explorar a cada integrante de la clase, mientras el segundo es aquel que ayuda a enseñar a través de la práctica o la interacción con situaciones que se relacionan al contenido a impartir.

    En una ocasión, un maestro debía enseñar acerca de un rectángulo e iba preparado para dibujarlo en la pizarra a través de una canción que describía las líneas y los ángulos. Al dibujar en la pizarra, todos los niños comenzaron a cantar diciendo: «el rectángulo tiene ojos, tiene boca y nariz, tiene orejas y brazos y se parece a ti». El maestro preguntó quién les enseñó esto, y ellos señalaron a uno de los niños del aula. Ante esto, el maestro tenía dos alternativas: exigir que pararan y regañarles porque el aula no era lugar para esto, ni el profesor digno de burlas, o simplemente ponerse a cantar junto con ellos y aprenderse su canción. El maestro optó por lo segundo. Al siguiente día, el maestro les preguntó: «¿Se acuerdan de la canción que cantamos ayer?», y ellos respondieron: «¡Sí!». Entonces, él les dijo con cara alegre y tono misterioso: «Pues yo me sé otra, ¿ustedes quieren aprenderse mi canción hoy?». Los niños repitieron a una voz: «¡Sí!». Ahora ellos estaban dispuestos a escuchar su plan porque él fue lo suficientemente astuto como para aprenderse la canción de ellos.

    Con la base anterior, debemos comenzar por algunos consejos para conocer al niño en estas etapas de vida. No quiere decir esto que todos los niños tendrán cada una de las características siguientes al mismo tiempo, sino que en algún momento de su etapa de vida se pueden identificar con algunas de ellas. Entonces, conocer al niño es responderse la pregunta: ¿Por qué dicen lo que dicen y hacen lo que hacen?

  • Cuando alguien está aprendiendo, en especial los niños, su cerebro se va desarrollando como órgano. No se puede esperar que el niño aprenda algo cuando su cerebro no ha creado la conexión necesaria para esto. El maestro debe verse como un escultor que trabaja en el cerebro del niño para ayudarlo a desarrollarse.
  • Lo más natural para el niño es aprender, pero no aprenderá todo. El maestro debe descubrir qué está aprendiendo en este momento de su vida.
  • Hay que estar claro que el niño siempre va a escoger aquello que tiene que ver más con pasarla bien que con tratar de entender algo.
  • Para el niño “pasarla bien” se traduce con la palabra ‘juego’. El juego para él es: decisiones, ensayo de algo, interacción, perfeccionamiento, descubrir el entorno y a los demás.
  • Todos los niños son diferentes, lo que implica la necesidad de emplear métodos y contenidos diferentes con cada uno. No es tener una clase diferente para cada uno, sino brindar la libertad para darle a cada uno lo que necesite en la forma en que mejor lo asimile. Por ejemplo, si se enseña de la parábola del trigo y la cizaña, unos querrán saber del labrador, otros del trigo, otros de la cizaña y alguno hasta de la herramienta que se usó para labrar. Lo importante para ellos no es el tema principal del pasaje como centro de atención, sino la enseñanza especial en que cada uno de ellos se está interesando. Esta debe usarse como vehículo para transmitir el tema principal.
  • Cada niño tiene habilidades y talentos, será sumamente importante en esta edad estimular a cada uno de los pupilos en dichas áreas. Y, sobre todo, reenfocándolos en el reino de Dios. La iglesia no necesita que todos sean misioneros o pastores, sino personas que colaboren con excelencia en áreas determinadas que han sido consagradas a Dios.

    Consejos para tutores y supervisores de niños:

  • A diferencia de la etapa de párvulos, en esta se tiene una porción para cada semana, al igual que los adultos, por un ciclo de tres años. Al finalizar se volverá a empezar para buscar reforzar la enseñanza.
  • Como se ha dicho en una sección anterior, en DIC usamos el Pentateuco para el proceso de aprendizaje regular, por lo variado y rico de los temas que presenta. En el caso de esta edad, cada porción se debe adaptar a las características de aprendizaje de los niños. No es necesario profundizar en cada detalle presentado en la porción, sino seleccionar lo más necesario para el alumnado específico.
  • Sugerimos una pareja de un tutor y un supervisor por clase hasta terminar el ciclo de tres años, aunque cada institución puede hacer los ajustes que precise en este asunto.
  • Los maestros deben distinguirse por la generosidad, pues el niño aprende más de su educador y cómo este se relaciona con él y los demás, que del contenido en sí. Una vez que el niño ha valorado a sus maestros, apreciará y aplicará el contenido en su vida.
  • Los maestros deben tratar de captar la atención del alumno antes de tratar de transmitir un contenido. La clase no comienza con el horario, sino cuando se ha logrado despertar en sus pupilos la necesidad de participar.
  • Es sumamente importante que el “lucir” del proceso de aprendizaje de su clase sea menos importante que el resultado del proceso en sí.
  • En esta etapa, la coincidencia de cada respuestas del alumnado con las del maestro no sean la meta, sino la honestidad y humildad de sus posiciones ante cada situación o tema.
  • Los maestros no deben desaprovechar la necesidad de sus pupilos de un consejo personal, porque esto tiene más valor que cualquier contenido de clase.
  • Los maestros deben tratar de que el pupilo los vea como niños más grandes y no como los adultos que no saben lo que él es.
  • Los maestros deben tener muy claro que la mejor escuela para aprender a enseñar es la propia aula. Y que cada una tiene sus peculiaridades. Recuerde que el mejor método de enseñanza es seguir la capacidad de aprendizaje de los propios niños.
  • Los maestros deben tener muy en cuenta las emociones del niño, porque su cerebro sin emociones no recordará nada. También deben saber que en dependencia de bajo cuáles tipos de emociones se aprendió algo, así va a ser en el futuro su deseo de usar eso que aprendió. A alguien que aprendió a leer bajo regaños y humillaciones le costará mucho más que a otros mantener una lectura disfrutable. Los maestros que no logren crear un ambiente disfrutable en sus clases estarán mal formando el futuro intelectual de sus discípulos.
  • En DIC-DAC sugerimos que se termine esta etapa de vida con una ceremonia en la que el alumno muestre su madurez y capacidad para la toma de decisiones espirituales. No se está hablando aquí de conversión, aunque sería muy bueno, sino más de la culminación de un ciclo de vida[1].

    Se debe recordar que es muy importante, sobre todo en esta etapa de la vida, que la iglesia pueda involucrar el deporte y las artes en el proceso educativo. Sugerimos la implementación de tiempo de clases con estas características, teniendo en cuenta los temas que corresponden a esa porción. También sugerimos la ubicación en el calendario de festivales que tengan como expectativa estas actividades.

[1] Ver la lección II.13 del libro Discipulado Avanzado Comunitario, Libro I (ISBN-13: 978-1686647161).

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