Porción 53: Una mirada a la bendición.

Texto áureo: Ex. 20.18-26

Lecturas para adultos en la semana:
Ex. 20.18-26; Is. 7; Sal. 126-128; Mr. 1.16-39; Mt. 14; Hch. 2.22-36

Descripción del tema:
1.      Esta porción encierra detalles muy interesantes. El primero lo encontramos en el mismísimo v.18 cuando dice que todo el pueblo observaba el estruendo, los relámpagos y el sonido del shofar[1]. Aunque mucho se critica la condición espiritual del pueblo de Israel, que no podía subir al monte, debemos entender que esto era por el designio divino también. Imaginemos por un momento en qué punto espiritual se encontraban como pueblo de Dios que podían ver lo intangible. Esto se debía a la gracia de Dios, pues Él quería enseñarles a temerle y reverenciarle (v.20). Como creyentes debemos entender que las cosas espirituales por las que transitamos son posibles únicamente por la gracia de Dios y no por gestión humana. Alguno dirá: ¿Y la santidad no produce esto también?; la respuesta es simple: aun la santidad es un regalo de Dios al hombre, aunque sea nuestra responsabilidad asumirla.

2.      Otro detalle interesante es el sonido del shofar que aparece aquí sin que hubiera un instrumento para producirlo. Eso demuestra la presencia divina y su gracia, porque como instrumento de viento precisa de alguien que le sople y además que sepa hacerlo correctamente y con una potencia capaz de ser escuchada por todo el pueblo congregado allí. Fue el propio Dios quien a través de este sonido anunciaba al pueblo lo especial de todo lo que se avecinaba. De manera musical este sonido de shofar se caracterizaba por ir in crescendo.

3.      También queda claro que el pueblo estaba seguro de que su líder hablaba con Dios. Ese testimonio no fue luchado o gestionado por Moisés, sino que Dios había dado testimonio hasta aquí de que Él hablaba a su siervo por elección propia.

4.      Interesantemente, el Señor reveló su ley a todo el pueblo. Esto deja claro una diferencia tremenda con el resto de las religiones, porque siempre en ellas hay alguien (en singular) que recibe una revelación especial, pero cómo probar que esa revelación es verdad (Mahoma, Joseph Smith, etc.). En Sinaí, Moisés no necesitaba probar nada, como tuvo que hacer con faraón, porque todo el pueblo escuchó. Dios se revela a multitudes para que no sea debatible su presencia. Algunos, principalmente dentro del judaísmo neofariseo, alegan en la actualidad que eso demuestra que el cristianismo es una religión falsa, pues Jesús solo se reveló a unos cuantos. Sin tener en cuenta que no se puede desconectar al cristianismo de Moisés, porque es la misma fe y fue el propio Jesús quien se manifestó allí[2], debemos citar algunos pasajes que al parecer ellos desconocen (Mr. 1.4-11; Mt. 14.21; Hch. 2.5-12, 22-24,33; 1 Co. 15.5-8). También es importante al respecto entender que la ley dada a Moisés tuvo su mayor repercusión internacional a través de Jesús.

Preguntas:
a)      Encuentre otros pasajes en la Biblia donde se habla de ver la Palabra de Dios y comente con el grupo.

b)     Investigue qué es el shofar y cuáles son los sonidos específicos que describe la Biblia.

c)      Cuente al resto del grupo de algún milagro o acción de Dios del cual usted, junto a otros, ha podido ser testigo. 



[1] Instrumento de viento de la liturgia bíblica hecho con tarro de carnero. 

[2] Jn 1.18