Porción 60: La consagración ministerial.

Texto áureo: Ex. 29-30.10

Lecturas para adultos en la semana:
Ex. 29.1-30.10; Neh. 3-4; Ez. 40-43; Hch. 25; Hb. 8; Ap. 5

Descripción del tema:
1. Tres áreas necesitaban consagración para el ministerio: el tabernáculo, los sacerdotes y el pueblo. Muchas veces se cree que el ministerio en Dios es para una élite específica, sin entender que todo aquello que pertenece al Señor y que ha sido entresacado del mundo necesita una consagración especial. Esto no depende de un ritual, sino de una actitud del corazón que en primer lugar sea obediente al ritual que Dios ha dispuesto. Por ejemplo, hay personas que se niegan a bautizarse porque dicen que basta con su fe para entrar al cielo, y tienen razón, pero nada justifica la desobediencia. Si Dios ha dispuesto el bautizo como símbolo externo (jukim) de lo que ocurre en el corazón, una persona obediente que tiene la oportunidad de bautizarse nunca se cuestionará el por qué debe hacerlo con el deseo de evitarlo, sino que preguntará: ¿Cuándo debo hacerlo y qué significa?, con el deseo de agradar a quien le salvó.

2. Interesantemente, nunca se describen los zapatos de los sacerdotes. Por otra parte, Dios le había dicho a Moisés que al acercarse a Él se quitara su calzado «porque el lugar en que tú estás, tierra santa es»[1]. Esto muestra la santidad no solo como algo de lo que se debe tener conciencia, sino que se debe experimentar exteriormente. También no es algo alcanzable por la mera presencia de Dios, sino por una consagración personal a esa presencia de Dios. Por ejemplo, Moisés no experimentaría la santidad por quitarse los zapatos en el palacio de Faraón, sino en el preciso lugar físico que señalaba el acercamiento al Creador. ¿Qué hubiera pasado si no se quita los zapatos como Dios le había dicho? No hubiera salido con vida del lugar. Esta es la razón por la que los sacerdotes entendieron esto y nunca usaron calzado en el templo. Alguno dirá: «Tal vez Dios no hizo hincapié para que usaran cualquiera». Y sí, tiene razón, queda esa opción, pero la presencia de Dios descendió allí como en Sinaí, por lo que trae un paralelismo e implica que la interpretación basada en el precedente con Moisés se acerca más a la armonía del texto. La Biblia no tiene que decirlo todo hay cosas que deben ser deducidas, pero no de la ficción sino de elementos que sí están escritos en ella. A través de su descalzado el sacerdote podía identificarse y tener una conciencia más clara de la santidad de Dios y de todo lo que haría en el santuario.

3. Todos estos requerimientos para el servicio a Dios en el tabernáculo dejaban una cosa clara: hay mucho entre los hombres que a Dios no le agrada. Un mundo corrompido por el pecado necesita una definición del propio Dios acerca de lo que es santo o no. La opinión de los humanos acerca de si una cosa o método es bueno o aceptable para servir a Dios, simplemente es nula, porque la caída en el pecado hace a nuestro corazón engañoso y, por tanto, incapaz de saber discernir a plenitud entre lo que es bueno o malo. Solo conociendo la voluntad de Dios es que se puede discernir esto. Por otra parte, cualquier ser humano que pretenda hablar del tema, asumiendo un don determinado deberá siempre armonizar con lo que Dios ha establecido a través de su Palabra escrita y encarnada en su Hijo. La voluntad de Dios para con el servicio cúltico venía descrita en estas disposiciones (jukim) que hacían referencia al sacerdocio.

Preguntas:
a) Haga un análisis detallado de lo concerniente a esta porción en referencia al sacerdote y escoja aquello que más le impactó para mostrar a su grupo.

b) A la luz de ser todos los creyentes hoy el real sacerdocio, ¿cómo aplicaría esto a la porción?

c) ¿Investigue acerca de lo que eran los cuernos del altar?



[1] Ex. 3.5