Porción 70: Dominando a lo impuro.

Texto áureo: Lv. 11-12

Lecturas para adultos en la semana:
Lv. 11-12; 2 Cr. 19; Hag. 2; Mt. 18.15-19.30; Ro. 14; 1 Co. 8

Descripción del tema:
1. En una ocasión un pastor usó una ilustración muy peculiar que comenzó con una pregunta: «¿Qué es lo más malo que puede hacer un perro al hombre?». La respuesta del auditorio no se hizo esperar. Unos decían: «¡Morderlo!», otros: «¡Tumbarlo al suelo!» y otros: «¡Excretarlo!». El pastor sonrió y les dijo: «Lo más malo que puede hacerle el perro a un hombre es hacer que el hombre muerda al perro». Todos quedaron sorprendidos de tan sabia ilustración, porque si el hombre se convertía en perro eso significaba su denigración mayor. Dios conoce, y es Su plan, que el ser humano esté por encima de toda la creación que le rodea[1]. El asunto está en que siempre va a haber un batallar entre el cuerpo material que conforma al ser humano y el mundo natural que está conformado de la misma sustancia. Dios le da al hombre algunos recursos para que este mundo material no le arrastre y le haga disminuirse al perder esa dimensión humana que le hace ser superior al resto de la creación. Entre estos recursos se encuentra el trato especial que debe tener con los alimentos, principalmente los animales, para no convertirse en alguien sádico sin escrúpulos morales. Por ejemplo, está dado a todos los seres humanos que no se debe comer un animal el cual no esté muerto, o sea, que no se le puede quitar una parte al animal y dejarlo vivo para comerse solamente esa parte que se le quitó[2]. Dios permite al ser humano comer carne, pero pone varios límites para que el proceso de comer la carne no perjudique al ser humano resquebrajando su esencia espiritual.

2. Es bueno resaltar aquí que el texto no señala que el estar impura una persona constituía un delito pecaminoso en sí. Dios manda a estar puro, pero hay impurezas que son naturales como puede ser la muerte o el flujo de sangre, por lo que podía estar impuro toda la vida y no ser pecador por eso. El problema con la impureza radicaba en que había muchas cosas que no se podían hacer como consecuencia de esto. Por ejemplo, entrar al templo. Esto obligaba a mirar la pureza e impureza desde otra perspectiva. En tiempos de Jesús se había perdido esta perspectiva y la pureza e impureza se convirtieron en algo fundamental y así en una piedra de tropiezo para el pueblo. Un detalle muy importante para tener en cuenta cuando se toca el tema es que estas reglas o mandamientos son para aquellos que siguen la Biblia, para aquellos que desean que sus vidas estén concentradas o consagradas a las cosas de Dios, para aquellos que conforman Su reino como hijos y sacerdotes. Imponerle esto a alguien que no ha consagrado su vida al Señor voluntariamente es caer en el pecado de la imposición y el maltrato, es decir en piedra de tropiezo para otros.

3. Al tener una visión clara de lo que es impuro no se estaba desechando al mundo material, sino que se estaba señalando el no dejarse absorber por este. Esos mandamientos iban enfocados directamente a fortalecer el dominio propio de la persona, que es la principal arma contra lo material y la concupiscencia.

4. Algo muy especial a resaltar en estos textos es que aquí se encuentra una de las pruebas más claras de que esta Escritura es Palabra de Dios. Él dijo aquí los cuatro animales que no tenían una de las características de las dos que se necesitaban para ser comidos: el camello, el conejo, la liebre y el cerdo. ¿Cómo sabemos que este no es el escrito de Moisés, sino de Dios? Hoy sabemos con certeza que en todo el planeta Tierra solamente estos cuatro animales o especies tienen estas características. El único que podía saber eso para poder decirlo así hace más de 3000 años es Dios.

Preguntas:
a) ¿Por qué cree usted que Pedro no comió de los animales que Dios le puso en el lienzo y, sin embargo, sí aceptó el milagro de la conversión de los gentiles?

b) ¿Por qué podemos decir que a través de lo puro e impuro Dios entrenaba el dominio propio de su pueblo?

c) ¿Por qué cree usted que Pablo enseñó que nadie debe obligar a otro creyente a comer o no comer lo impuro?

 


 

[1] Sal 8.3-8

[2] Gn. 9.4