Con este artículo tratamos de entender cuándo comenzó Juan a predicar. Hecho que muchas veces se trata de mirar bajo un calendario moderno, sin tener en cuenta la vida diaria del siglo I como: Los turnos del Templo, las estaciones de las cosechas, los edictos imperiales, etc. Para esto abordaremos de forma muy general seis aspectos contextuales que tenemos a la mano:
1. El Año 15 de Tiberio
Lucas sitúa el inicio “en el año quince del imperio de Tiberio César” (Lc 3:1). Históricamente, hay dos formas de contar esto:
- El sistema de co-regencia: Algunos sugieren que se cuenta desde que Tiberio compartió el poder con Augusto (11/12 d.C.).
- El sistema oficial (más probable): Se cuenta desde la muerte de Augusto en agosto del 14 d.C.
Bajo el sistema oficial, el “año 15” comenzó en agosto del 28 d.C. y terminó en agosto del 29 d.C. Como Juan comenzó a predicar dentro de este año, y los eventos posteriores ocurren cerca de una Pascua (marzo/abril) citada por el Evangelio de Juan, la ventana de tiempo se cierra inevitablemente sobre la primavera del año 29 d.C.
2. Dos Meses de Preparación
Si analizamos la secuencia de eventos que desembocan en la primera Pascua de Jesús (Jn 2:13), los bloques de tiempo se ensamblan con precisión matemática, sumando un total aproximado de 60 a 65 días:
- Predicación inicial de Juan (2 a 3 semanas): Antes de la aparición de Jesús en el Jordán, Juan ya era una figura nacional. El texto dice que acudía a él “toda la provincia de Judea” (Mc 1:5). Para lograr este nivel de convocatoria antes del bautismo de Jesús, se requiere un periodo mínimo de exposición y fama previa.
- Los 40 días de la tentación (Mt 4:1-2): Este es el bloque de tiempo más extenso y explícito. Ocurre inmediatamente después del bautismo y antes de que Juan el Bautista dé su testimonio final sobre Jesús.
- La Semana de los Testimonios (7 días exactos en Jn 1:19-2:1): El Evangelio de Juan utiliza la frase “al día siguiente” repetidamente (Jn 1:29, 1:35, 1:43) y culmina diciendo “al tercer día” (Jn 2:1). Esta es una semana calendario perfecta de 7 días que va desde el interrogatorio de los levitas a Juan hasta el primer milagro en Caná.
- Estancia en Capernaum (Jn 2:12): Después de Caná, Jesús baja a Capernaum y se queda allí “no muchos días“. En el contexto de los viajes de la época y la cercanía de la fiesta, esto se traduce generalmente en 3 a 5 días antes de subir a Jerusalén para la Pascua.
Conclusión exegética: Al sumar estos periodos (21 días de fama previa + 40 días de desierto + 7 días de testimonios + 3 días en Capernaum), obtenemos un ciclo de aproximadamente 71 días. Si situamos la Pascua en abril, la voz de Juan el Bautista debió comenzar a resonar en el desierto a principios o mediados de febrero.
3. Exégesis Ambiental y Simbólica
El Mes de Adar y la “Preparación de Caminos”
Febrero/Marzo corresponde al mes hebreo de Adar. Según la Mishná (Tratado Shekalim 1:1), el primer día de este mes se emitían proclamas oficiales para realizar dos tareas críticas: el pago del impuesto del Templo y la reparación de la infraestructura pública. El texto estipula que los mensajeros del tribunal debían salir a reparar los caminos, las plazas y los depósitos de agua que las lluvias de invierno habían dañado.
Juan el Bautista utiliza el lenguaje técnico de estos “ingenieros viales” de la época: “Enderezad sus sendas“. Existe una conexión visual poderosa: mientras los peregrinos observaban a las cuadrillas de obreros nivelando el terreno y rellenando baches físicos para facilitar el viaje a la Pascua, Juan les gritaba que el verdadero “bache” que impedía la llegada del Reino era la dureza de su propio corazón.
La Higuera
La mención de Natanael bajo la higuera (Jn 1:48) no es trivial. En la tradición del Talmud (Eruvín 54a), la higuera es el símbolo por excelencia del estudio de la Torá debido a que su fruto madura de forma constante y requiere una búsqueda diaria.
En febrero/marzo, las higueras en Israel comienzan a mostrar sus “pagím” (los higos tempranos o primeros brotes que aparecen antes que las hojas). Estar bajo una higuera en esa época era el código cultural para un “verdadero israelita” dedicado a la oración y a la meditación profunda sobre las promesas mesiánicas. Jesús “ve” a Natanael precisamente en ese momento de búsqueda espiritual que las noticias sobre Juan el Bautista ya habían comenzado a despertar semanas atrás en toda la región.
El Trigo y el Aventador
Juan profetiza: “Su aventador está en su mano… recogerá el trigo” (Lc 3:17). Aunque Juan comienza a predicar en el invierno tardío, su mensaje se proyecta hacia la cosecha. En la geografía de Israel, la cosecha de trigo ocurre entre mayo y junio.
Si Juan inicia su ministerio en febrero y bautiza a las masas durante la Pascua de abril, sus advertencias sobre “separar el grano de la paja” estaban cobrando un sentido visual absoluto justo cuando el ministerio de Jesús comenzaba a ganar fuerza. Para cuando llegaba la siega de mayo, el pueblo podía ver en las eras de trillar (superficies planas y elevadas donde el viento soplaba la paja) una parábola viviente del juicio y la purificación que Juan había anunciado meses antes a orillas del Jordán.
4. La Ventana Climática
El ministerio de Juan no pudo haber comenzado en pleno invierno ni en el pico del verano por razones logísticas fundamentales:
- El estado del Jordán: Durante el invierno, el río Jordán suele estar crecido y turbulento por las lluvias, lo que haría los bautismos por inmersión de multitudes algo peligroso y poco práctico. En cambio, en la primavera temprana, el caudal es generoso pero estable.
- La temperatura del agua: Sumergir a cientos de personas en agua gélida de invierno habría sido inviable para un movimiento de masas. La primavera ofrece la temperatura ideal para esta actividad al aire libre.
- El flujo de peregrinos: Juan necesitaba una audiencia. El invierno mantiene a la gente en sus casas, pero en la primavera comienza el gran flujo de peregrinos hacia Jerusalén. Sin este contexto estacional, Juan no habría tenido a quién predicar; la primavera es la única estación que permite la convergencia de clima benigno, agua accesible y multitudes en movimiento.
5. El respaldo de la tradición apócrifa
A diferencia de los Evangelios canónicos, que guardan silencio sobre el día exacto del inicio del ministerio, existe un documento antiguo conocido como el Evangelio Árabe de la Infancia (capítulo 54) que rompe este mutismo. Este manuscrito —que, aunque no forma parte del canon bíblico y contiene relatos legendarios, es una ventana a las tradiciones cronológicas de los primeros siglos en Oriente— registra un dato asombroso: Sitúa el fin de la vida oculta de Jesús en el año 334 de la era de Alejandro, exactamente el día seis del mes de febrero.
La importancia de este dato no radica en su autenticidad histórica absoluta, sino en que representa la única opinión cronológica específica que ha sobrevivido desde la antigüedad sobre este momento. Es sumamente revelador que, al margen del análisis científico y astronómico, la tradición antigua coincida exactamente con nuestro estudio: situando la “aparición” de Jesús para su bautizo en la segunda semana de febrero. Esto refuerza que, tanto para la historia como para la tradición temprana, febrero fue el mes de la ruptura y el inicio de la cuenta regresiva hacia la Pascua del año 29 d.C.
6. Un dato Curioso
Como un dato adicional y fascinante, los estudios cronológicos modernos que se apoyan en los registros de la NASA sobre las fases lunares del siglo I confirman que la luna llena de la Pascua del año 29 d.C. ocurrió el 18 de abril.
Al aplicar el rigor de nuestra reconstrucción —restando los aproximadamente 70 días que comprenden la fama inicial de Juan, los 40 días de la tentación de Jesús y la semana de testimonios en el Jordán— el inicio del ministerio del Bautista se sitúa con una precisión asombrosa en la segunda semana de febrero del año 29 d.C. Esta fecha no es solo un número; es el momento exacto del despertar de la naturaleza en el valle del Jordán, validando que el relato bíblico no solo es teológicamente profundo, sino históricamente exacto en su relación con el tiempo y el cosmos.
Conclusión
El ministerio de Juan no comenzó de forma aislada. Fue un proceso de aproximadamente dos meses de preparación intensiva antes de la gran convocatoria de la Pascua del año 29 d.C.
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Aprovechó la logística de los peregrinos.
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Aprovechó el simbolismo de la reparación de caminos.
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Aprovechó el ciclo agrícola del trigo para ilustrar el juicio.
El análisis de estos detalles nos revela que el texto bíblico no fue escrito en el vacío, sino que respira el aire de su propio tiempo, clima y geografía. Comprender que el grito de Juan el Bautista resonó justo cuando los caminos se reparaban para la Pascua o que sus metáforas sobre el trigo coincidían con el sudor de los segadores en los campos, transforma el relato de una crónica lejana en una experiencia sensorial y urgente. Contextualizar las Escrituras no es un mero ejercicio académico; es la llave maestra que nos permite rescatar el relieve y la fuerza original de las palabras, recordándonos que el mensaje divino se encarnó en la historia real para hablarle al hombre en su lenguaje más cotidiano. Al estudiar el entorno, no solo leemos la Biblia, sino que empezamos a verla suceder frente a nuestros ojos.
Autor: Dr. Liber Aguiar
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