El lenguaje religioso contemporáneo ha despojado a la "fe" de su musculatura original. Hoy en día, suele confundirse con el optimismo ciego, la autosugestión o la proyección neurótica de nuestros propios deseos y carencias. Sin embargo, cuando desmontamos el andamiaje de las traducciones devocionales y descendemos a la rigurosidad filológica del griego Novotestamentario (koiné) y al sustrato antropológico hebreo (llamado místico solo por referirse al interior del hombre), descubrimos que la fe...