¿Alguna vez te has preguntado por qué invertimos tanta energía en "cubrirnos"? Nos protegemos con reputaciones impecables, defendemos nuestras inseguridades y construimos murallas psicológicas y sociales para que nadie vea nuestros verdaderos flancos débiles. Asumimos que este reflejo de autoprotección es simplemente humano, pero la Biblia sitúa su origen en el escenario más antiguo de todos: un huerto. Si nos adentramos en los textos fundacionales desde la filología, la antropología del alma...