Tras la clausura del Primer Concilio de Nicea en el año 325 d.C., el emperador Constantino I envió una carta a las iglesias del Imperio que marcaría un antes y un después en la historia del cristianismo. No se trataba de un simple comunicado administrativo, sino de la notificación de una de las decisiones más trascendentales del sínodo: la unificación de la fecha de la Pascua y la ruptura definitiva con el calendario judío. El texto de esta misiva, preservado por el historiador Eusebio de...