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El sidur, del templo a las sinagogas.

BLOG, Santidad Personal, Sidur

La mayoría de las personas no saben o no asocian que en el período del templo existían ya las sinagogas, no solo para los que estaban en la diáspora, sino para todos los judíos donde quiera que se encontraran incluyendo Jerusalén, en donde se dice habían cerca de 400 de ellas. Por otra parte, es bueno también señalar que, aunque hoy identificamos este nombre Sinagoga (συναγωγῇ) como algo exclusivo de los judíos, en realidad es la palabra griega para hablar de cualquier tipo de reunión, lo que la hacía muy común en el primer siglo. Así, que apartándonos de cualquier prejucio histórico que ha llegado hasta hoy, en el tiempo de los apóstoles cualquier lugar o reunión de los cristianos se llamaría de igual manera.

Para aquellos influeciados por la fidelidad del Dios de Israel, las sinagogas eran lugares de estudio y de adoración, cosa que funcionaba en paralelo al servicio que se hacía en el templo con sacrificios de animales y también de labios. Ellas comenzaban a ser establecidas desde sus inmediaciones y se extendían por todo el imperio, e inclusive llegando en algunas zonas más allá de esos límites.

Aunque el día más especial para reunirse en ellas era el Shabat, las puertas estaban abiertas en la semana durante las secciones de la noche, la mañana y la tarde, como ocurre hasta hoy en la mayoría de ellas. Estos servicios sinagogales al ser paralelos a los sacrificios trataban de seguir una liturgia paralela a la autorizada por el liderazgo fariseo, como mismo se hacía en el templo. Por eso, una vez destruido el templo le fue tan fácil a ellos actualizar esta función y a la vez mantener el control sobre las ellas.

Es así como no solo a través del templo, sino también de estos cientos de lugares de cultos se mantenía la visión de una nación sacerdotal que mediaba por ellos, la nación de Dios y todo el mundo. ¿Cómo se hacía real este concepto social? En primer lugar, imaginemos un pueblo que su mayoría asista a un lugar permanente para estudiar acerca de Dios, que en ese mismo lugar se hacen servicios de adoración tres veces al día durante toda la semana, con uno (el Shabat) que sería obligatorio para todos. En ese día a diferencia de los otros se incluía una reflexión o exhortación exegética de lo que Dios enseña aplicado a la vida cotidiana (la D’rashá). Sin contar el sistema oficial sacerdotal del templo, la sinagoga contaba en todas las regiones con una estructura de líderes (Gabaim) y también una oportunidad de servicio para sacerdotes oficiales. Todo el equipo en algunos casos se alternaban en los diferentes servicios para ser altamente eficientes y, a la vez, tener disponibilidad para cubrir sus asuntos personales.

¿Cómo se sostiene económicamente no sólo a los que ofician sino a toda una nación ocupada en adorar a Dios? La única forma de hacerlo es de manera “orgánica” o natural. Podemos imaginar a personas que tienen sus trabajos (2Ts 3:10), pero también la libertad y flexibilidad de asistir a un servicio de adoración público en cualquiera de los tres momentos del día, y de no poder hacerlo tenían también el orden individual que es la esencia de ese Sidur público, que les ayuda a armonizar en forma y horario con todos los demás integrantes de la nación. Las mujeres por su parte tenían la libertad de asistir a aquellos servicios a los que pudieran, con menos compromisos que el hombre pero con igual libertad, así que asistían a unos servicios y a otros no; mientras que en el Shabat se esforzaban por ir de seguro para adorar juntos a Dios.

Cuando vino la destrucción del templo, y no era permitida la reunión sinagogal en muchos lugares, aquellos que no recibieron al Mesías enfrentaron un reto que los seguidores de Jesús no tendrían: ¿Cómo sustituir la función protagónica del templo una vez había sido destruido? Los salmos, las oraciones, las súplicas y las plegarias (cánticos espirituales) ya las tenían, así que solo habría que buscar una razón para que el pueblo entendiera que debían poner a un lado la nostalgia y concentrarse en no perder su fe y tradiciones. Así que algunas secciones, rezos y lecturas fueron añadidos, más esa perspectiva de: “No es que no queramos sacrificar en templo, sino que no podemos”.  Esta tarea la llevaron a cabo los grupos de rabinos conocidos como los tanaim y amoraim (entre los siglos I-V), quienes comenzaron a escribir, implementar y actualizar la nueva tradición oral que incluiría el nuevo Sidur.

En todo ese período, en el caso de los seguidores de Jesús, ya los sacrificios como parte de los jukim habían tenido su actualización. Así que, cuando asistían a una sinagoga en nada eran contradichas sus creencias. En un inicio los cristianos se reunían el Shabat como el resto de los judíos (Hch 15:21), y en aquellas regiones donde la mayoría de los miembros de las sinagogas no eran mesiánicos ellos utilizaban el domingo también para tocar Su enseñanza y andar en sus actualizaciones. Sin embargo, en los lugares donde la mayoría recibía a Jesús, esto lo hacían en cada servicio de los siete días de la semana.

La persecución sobre los judíos primero, que los involucraba a ellos como consecuencia de las revueltas del 66 d.C., luego la persecución sobre ellos que protagonizó Bar Kojba por no sumarse a su lucha, la falta de líderes que conocieran y pudieran enseñar el Sidur ante la ola gigantesca de gentiles que se estaba acercando a la fe, y como colofón la necesidad de ajustar el cristianismo a las demandas legales del derecho romano hicieron que cada vez más se perdiera aquel Sidur que acompañó a los adoradores de Dios durante siglos; apareciendo una liturgia más acorde a su necesidad presente de un institución bajo el derecho romano.

Después de diez siglos y como rechazo a ese nuevo ritualismo manipulado por el clero, capaz de albergar y desarrollar toda una cultura pagana cristianizada, surge la reforma. Esta última ayudó en retornar a la oración espontánea, pero no al Sidur bajo el cual vivieron Jesús y los apóstoles.

Como se ha dicho en otros artículos de este blog, de la misma forma que en las sinagogas había un Sidur u orden para la oración, también había un orden en la organización del local. Este recordaba e ilustraba en la mente de los adoradores y estudiosos bíblicos las estructuras del tabernáculo y el templo. Posteriormente el cristianismo, cuando le fue permitido por el imperio la construcción de edificios de culto, asumió una forma casi parecida, pero la trató de mezclar con el tema de la cruz y su visión dominante acerca del nuevo “sacerdocio” institucionalizado, a demás de aprovechar las estructuras de los templos paganos y otros para esto. Los tres esquemas siguientes ayudan de una forma sucinta a ver las diferencias y sus paralelos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Autor: Dr. Liber Aguiar

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