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POR QUÉ MATEO 2:23 NO ES UN ERROR, SINO UNA CLAVE DEL USO HERMENÉUTICO DE LA GUEMATRÍA DEL SIGLO I

Apologética, BLOG, Contexto Bíblico

En el vasto y a menudo ríspido debate interreligioso en la web, es común encontrar detractores que, armados con listas prefabricadas de supuestas “contradicciones” en el Nuevo Testamento, desafían la integridad de los textos sagrados. Hace un tiempo, me enfrenté a uno de estos casos: un autodenominado rabino que cuestionaba la validez histórica del Evangelio de Mateo, señalando específicamente el pasaje de Mateo 2:23, donde se afirma que Jesús habitó en una ciudad llamada Nazaret, “para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que había de ser llamado nazareno”.

La acusación era tajante: esa profecía no existe en el Tanaj (Antiguo Testamento). Por lo tanto, se concluía que el evangelista había inventado un texto inexistente por ignorancia.

Lo curioso de aquel intercambio no fue solo la firmeza de la defensa del texto sagrado, sino la reacción del interlocutor: el silencio absoluto. A pesar de ser un usuario acostumbrado a debatir públicamente en su sitio web, mi respuesta detallada jamás fue publicada, y mucho menos contestada. El eco del silencio fue, en realidad, la respuesta más elocuente.

A continuación, presento reelaborada aquella réplica convertida en un artículo sobre la mentalidad judía del primer siglo y el verdadero funcionamiento de la exégesis en este pasaje.

1. El problema del prejuicio: ¿Maestro o aprendiz?

Acercarse a cualquier sistema de pensamiento antiguo con una predisposición a encontrar fallos suele nublar el juicio. Para criticar con justicia un texto, se requiere primero la humildad del aprendiz, la capacidad de decir: “conozco tan bien este sistema que puedo debatir sus puntos específicos”.

En el caso de Mateo 2:23, el crítico cometió un error fundamental en su lectura, pues el evangelista nunca dijo que “un profeta” habló de esto; sino que lo dijeron “los profetas” en plural. En la redacción antigua, esto no señala una cita literal de un solo versículo, sino una conclusión deductiva, una síntesis de conceptos proféticos. Así que este debió ser el punto de partida de nuestro amigo crítico.

2. El método Remetz y la mentalidad del primer siglo

Para entender la deducción de Mateo, es imperativo comprender las herramientas hermenéuticas judías que durante siglos ha acompañado a esta cultura, como el Remetz (la alusión). Aquí Mateo está utilizando una compilación de ideas proféticas a través de este método para explicar la residencia de Jesús en Nazaret.

Quienes critican esto bajo una óptica anacrónica suelen aplicar un doble rasero. Por ejemplo, la exégesis que se hace en el tratado talmúdico Erubhin 99a (línea 11 desde abajo) sobre Proverbios 8:36 —interpretando que se refiere a que “el que se suena la nariz en presencia de su rabino es digno de muerte”— utiliza un nivel de asociación hermenéutica que nadie cuestiona con indignación en su propio contexto. Del mismo modo, el Midrash sobre Eclesiastés 2:8 nos muestra cómo operaba la mente de los sages del judaísmo antiguo. Entonces, exigirle al Nuevo Testamento una rigurosidad literalista occidental, por los propios usuarios de estos métodos desde el judaísmo rabínico clásico, es intelectualmente deshonesto.

3. La raíz N-TZ-R y el juego de palabras profético

Para desentrañar el razonamiento de Mateo, debemos observar el idioma hebreo y las raíces de las palabras. Existen dos profetas que utilizan la raíz ʻN-TZ-Rʼ:

  1. Isaías 11:1: Utiliza la palabra Netzer (נצר – Renuevo troncal) en singular, vinculada de forma directa al Mashíaj (Mesías): “Y saldrá un retoño de Ishai, y Netzer brotará de sus raíces”.

  2. Jeremías 31:5: Utiliza la palabra Notzrím (נצרים – Guardianes / Celadores) en plural y sin una relación directa mesiánica.

El nombre de la ciudad, Natzrát (Nazaret), alude fonética y etimológicamente a Netzer (el Renuevo troncal), y no a los “guardianes”. Por lo tanto, al decir que residió en Nazaret para que se cumpliera lo dicho por los profetas, Mateo está aplicando un recurso hermenéutico clásico en la forma de análisis judaica que es una especie de juego rompecabezas exegético de las palabras de los profetas.

4. Paralelos en la tradición rabínica: La fórmula “No leas… sino…”

Como se ha señalado, este tipo de conexión no es ajena al contexto hebreo. El Talmud y la literatura midrásica que se encargaron de escribir sobre esa tradición oral en la que se enseñaba esos recursos hemenéuticos están repletos de la fórmula “No leas [esta palabra] sino [esta otra]” (Al tikrá… ela…):

  • En el Talmud Bavli, Ioma 38a: “No leas Brotim (Cipreses) sino Britim (Pactos)”.

  • En Ioma 75b: “No leas Avirim (Fuertes) sino Evarim (Partes del cuerpo)”.

Asimismo, en la obra Sifré sobre Dvarim (Deut.), los maestros discuten cómo se cumple (meqaiem) profecías mediante asociaciones de palabras y conceptos (como el uso de Avrej en Génesis 41:43 o el término Hadraj en Zacarías 9:1).

Un ejemplo moderno de esto lo vemos en los discípulos de Najman de Breslov: aunque no viven en la ciudad ucraniana original, llaman a su corriente Breslov o Breslev porque esta palabra tiene exactamente las mismas letras de la frase hebrea Lev Basar (לב בשר – ‘corazón de carne’), conectándolo proféticamente con Ezequiel 36:26.

5. La ruta del Mesías según los profetas

Si unimos los puntos tal como lo habría hecho un erudito del primer siglo, la residencia del Mesías se compone de la siguiente manera:

  • Su origen geográfico inicial: Bet Léjem, como predijo Mijá (Miqueas 5:1).

  • El escenario de su manifestación: La tierra de Galil (Galilea), como anunciaron Isaías 8:23-9:1 y hasta el Zohar (II, 8b-9a), indicando que allí comenzaría su revelación pública.

  • Su residencia específica en Galilea: La ciudad de Natzrát, vinculada directamente a la profecía del Netzer (el Renuevo) en Isaías 11:1.

Esta profecía pudo entenderse legítimamente bajo la mentalidad de la época mediante una doble lectura:

  1. “No leas Netzer sino Natzrát”, entendiendo que el profeta señalaba directamente el lugar geográfico del brote mesiánico.

  2. O bien, reconociendo que el Netzer (el Renuevo de olivo) encontraría su hogar físico en la ciudad de Natzrát.

Conclusión

Las supuestas “discrepancias” del Nuevo Testamento no son más que evidencias de un desconocimiento profundo de las reglas literarias, exegéticas y culturales del judaísmo del siglo I por la mayoría de los lectores y expertos de hoy, que aquellos escritores recibieron (en hebreo ese recibir es cabalá) en su tradición oral todo ese acervo. Entonces, Mateo no cometió un error geográfico ni inventó una cita, simplemente utilizó un método hermenéutico para conectar la raíz de los profetas con la realidad histórica del Mesías, pues consideró eso algo importante para sus lectores.

Comprender esto requiere dejar de lado el prejuicio y adentrarse en la riqueza del pensamiento hebreo antiguo. Aquel crítico prefirió el silencio ante la evidencia; nosotros, en cambio, tenemos la oportunidad de redescubrir la profundidad de los textos cuando leemos bajo aquellas reglas hermenéticas que han acompañado al texto bíblico por años y que hoy tanto se desconocen y marginan.

Autor: Dr. Liber Aguiar

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