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Dentro de los judios de hoy, los sefardíes.

BLOG, Historia

Es una de las comunidades más antiguas de entre los judíos fuera de su tierra. Desde tiempos medievales los sefardíes son conocidos como aqullos judíos que se acentaron en la región de España. En tiempos recientes se han encontrado disímiles argumentos arqueológicos que enclavan este asentamiento ibérico por los israelitas con anterioridad al siglo II a.C.

Los orígenes de Sefará pueden remontarse hasta la antigua Tarsis (Jon 1:3),  e inclusive algunos han sugerido que el nombre Spanya no es griego sino semítico como consecuencia de la emigración de las regiones de Judea a esa zona: I span ya ‘isla o costa de los forjadores de metales’, hecho que estaría justificado por la intensa actividad minera y metalúrgica que existía en sus costas[1]. Es así que la relación de Israel con esta área tenía un valor comercial importantísimo para ambos pueblos.

Esta relación se vio truncada con la llegada de los imperio Asirio y Babilónico entre el 681-562 a.C. Con el regreso de la cautividad los judíos se ocuparon más de su restauración que del comercio en sí, borrándose de la historia bíblica toda mención a España antigua, solo aparece al parecer una mención profética por Abdías que señala a los israelíes que se encontraban allá como consecuencia del comercio o de la emigración por las conquistas imperiales (Abd 1:20). Con la llegada del imperio Persa la nación que había aprendido a sobrevivir en diásporas comienza a aparecer por todas las regiones del imperio en especial en Alejandría. Al llegar el imperio romano al poder las relaciones con los judíos tuvo sus altas y bajas, pero al final de la jornada los emperadores tuvieron respeto hacía el judaísmo aun cuando las relaciones llegaron a extremo como ocurrio con las revueltas con Roma.

En La carta a los romanos, Pablo habla de ir a España y sabemos que su predicación siempre fue primero a la comunidad judía y, sin embargo, no habla de ir a Alejandría que poseía una comunidad judía inmensa. O sea, que la comunidad de España era lo suficientemente grande e importante que le hacía al apostol pensar en ir allá. También en la Mishná se menciona a los tapiceros del templo que fueron directamente para España con los sucesos del 70 d.C[2]. Se sabe también de otros que llegaron vendidos como esclavos al ser capturados como soldados rebeldes.

Existen evidencias arqueológicas de la presencia judía en España anterior al siglo I, como el ánfora de Ibiza[3], el epitafio emeritense de Justino[4], las monedas de cecas palestinas encontradas en Cataluña y Levantes[5], el epitafio del judío Nectarí dedicado a su rabino tarraconense Lasies junto a otros trilingües que incluyen el hebreo y la inscripción de la sinagoga de Ilice[6].

En la Sefarad judía se vivió mucha calma hasta el Siglo VI. Escritores árabes escribieron que al llegar a la península ya existían pueblos completamente judíos: Lucena, Granada, Barcelona, Tarragona y Toledo. Con la llegada del rey Recaredo, quien implementó una serie de leyes como: la libertad para obligar a judíos en su conversión al cristianismo, prohibió los matrimonios mixtos con judíos, además de la participación en cargos públicos.

El periodo de la conquista musulmana fue muy relajado para los judíos que les recibieron como salvadores por la crisis visigoda existente. La invasión también trajo el próximo éxodo gigantesco, principalmente en Al-Ándalus, pues los judíos viajaban en medio de los invasores como maestros, médicos, artesanos, etc. En realidad se puede decir que esta fue la época en que el judaísmo llegó a su más grande desarrollo a nivel mundial, y esto precisamente por la influencia sefardita. Fue tan prospera e impactante para los judíos españoles que Sefarad se convirtió para ellos en la segunda Jerusalén, e inclusive muchos llegaron a tener títulos de nobleza.

Es por este tiempo cuando llegaron cuatro rabinos desde Arabia con toda la tradición del Talmud Babilónico y el Sidur o ‘libro de rezos’. Aunque habían venido a la región sólo para recoger una ofrenda, fueron secuestrados por piratas y luego rescatados por cuatro comunidades judías de las cuales dos eran cordobesas. Allí terminaron asentándose dos de ellos y fundaron dos escuelas que fueron las madres de todos los demás yeshivot (seminarios rabínicos) de España.  El impacto social de esto no fue sólo en el judaísmo sino también sobre la ciencia, las matemáticas, la historia, la filosofía, la poesía, la sociología. Algunas lumbreras de ese tiempo fueron: Hasday ibn Shaprut, Yehudá Leví, Abraham ibn Daud, Abraham ibn Ezra, Baḥyah ben Yosef ben Paqudah, etc.

Otro grande de este tiempo fue Moisés ben Maimón (Rambam o Maimónides, 1138-1204 d.C.), rabino, cirujano y escritor. Entre sus logros dentro del judaísmo estuvo la organización temática de las leyes del Talmud llamado Mishné Torá. Hasta hoy todo el que pueda decir en una discusión: «así concluyó el Rambam», automáticamente ya la balanza se inclina a su favor. Paradójicamente es reconocido hoy, así como lo hizo él, que tuvo una influencia grande de Aristóteles, por dos razones fundamentales: para ayudar a la juventud atraída por la filosofía griega y para alejarse de la vida animal que el filósofo explicaba en el hombre.

Otro influyente en ese periodo fue Moisés ben Shem Tov de León (1240-1305 d.C.) discípulo de Rambam, quien escribió el Zohar o ‘libro del esplendor’. Según él lo hizo basado en manuscritos de Simón bar Yojai (rabino del siglo II). De quien se cuenta que su tutor rabí Akiva le negó el título de rabino, por su influencia de la gnosis, aunque en realidad esto último no pueda afirmarse categóricamente. Lo interesante es que éste libro es uno de los ejemplos más claro de la gnosis en el judaísmo y esta es la base del cabalísimo judío de forma formal. Si comparamos el esquema que explica la Cábala con la genealogía gnóstica veremos una gran similitud.

Terminamos esta parte anterior al 1492, entre los sefardíes,  con otro cabalista José ben Efraím Caro quien escribió el conocido Shuljan Aruj ‘la mesa servida’. Sus temas principales allí son: el ciclo de vida, las oraciones, las festividades, el luto, relaciones entre el hombre y la mujer, el derecho público, penal y privado.

La poli-cultura en española desde los romanos sirvieron para cultivar la grandiosidad de todo el judaismo medieval, época que en realidad se organizó y sistematizó a nivel mundial el judaísmo rabínico neo-fariseo de Yavné que conocemos hoy.

Sin embargo, la estancia sefardita en España fue cayendo en detrimento hasta el años 1942 en que fueron expulsados si permanecían sin convertirse al catolisismo con el edicto de Granada, en que los Reyes Católicos (como se conocen) tratan de impedir que siguieran influyendo a los cristianos tratando de judaizarlos. Para lograr el cumplimiento del edipto se instauró la inquisición que duró catorce años en la Corona de Castilla y nueve en la Corona de Aragón. La mayoría de los expulsados se instalaron en el norte de África, los reinos de Portugal y de Navarra (de estos se les expulsó pocos años más tarde y tuvieron que emigrar de nuevo). Los de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría y los de Portugal que no se convirtieron al cristianismo acabaron en el norte de Europa (Inglaterra o Flandes). En el norte de África sufrieron todo tipo de maltratos, incluso por los mismos judíos que vivían allí desde hacía mucho tiempo, pues les veían diferentes, y de ahí muchos optaran por regresar a España y hacer su conversión oficial al catolicismo. Los que corrieron mejor suerte fueron los que se instalaron en los territorios del Imperio Otomano en el oriente próximo, pues el sultán Bayaceto II dio órdenes para que fueran bien acogidos.

Algo importante a tener en cuenta es que cuando se estudia acerca del viaje de Cristóbal Colón al nuevo mundo, se habla de una tribulación de delincuentes y muchas cosas más, pero estudios más profundos dejan claro su ascendencia y protectorado a los judío. Los análisis de las cartas a su hijo revelan mensajes encriptados y paralelismos hebraicos en su sintaxis. Un ejemplo de esto es la carta que Colón escribe a doña Juana de la Torre donde afirma: «No soy el primer Almirante de mi familia. Pónganme el nombre que quisieren (su nombre judío Américo fue cambiado por el de Colón), que al fin David, rey muy sabio, guardó ovejas y después fue hecho rey de Jerusalén; y yo soy siervo de Aquel mismo Señor que puso a David en este estado». En otra carta dirigida a los Reyes y escrita en la isla de Jamaica el 7 de julio de 1503 escribe el Almirante y Virrey: «Cuando me adormecí gimiendo, una voz muy piadosa oí diciendo: “¡Oh estulto y tardo en creer y servir a tu Dios, Dios de todos! ¿Qué hizo él más por Moisés o  por David su siervo? Desde que naciste, siempre él tuvo de ti muy grande cargo; cuando te vidó de esas, de que él fue contento, maravillosamente hizo sonar tu nombre en la tierra. Las Indias, que son parte del mundo, tan ricas, te las dio por tuyas (…) ¿Qué hizo el más alto pueblo de Israel cuando lo sacó de Egipto, ni por David, que de pastor hizo Rey de Judea? Tómate a él —es decir, vuelve a Jehová— y conoce tu yerro, o sea: renuncia a esa presunta conversión en que caíste y falsea tus convicciones y las de tus antecesores judíos.”. Su misericordia es infinita: tu vejez no impedirá toda cosa grande; muchas heredades tiene él, grandísimas. Abraham pasaba de cien años cuando engendró a Isaac. Ni Sara era moza. Tú llamas por socorro incierto. Responde: ¿quién te ha afligido tanto y tantas veces? ¿Dios o el mundo? (…) Dicho tengo, lo que tu Creador ha hecho por ti y hace con todos. Ahora me muestra el galardón de estos afanes y peligros que has pasado sirviendo a otros.».

Desde Colón el nuevo mundo se convirtió en refugio para todos los que huían de la inquisición española. Y aunque acá también se estableció un buró inquisidor, siempre fue mucho más posible de evadir que el de la península. Una de las estrategias del rabinato de entonces para aquellos que hacían conversión falsa al cristianismo fue la creación de apellidos que pudieran ayudar en el futuro a ser relocalizados los anusim (nombre hebreo para los forzados a la conversión).

Basado en esos estudios es que en el año 2015, el Parlamento español aprobó una ley por la que se reconocía como españoles a los descendientes directos de los judíos expulsados en 1492, con lo que de facto se anulaban en la medida de lo posible las consecuencias de aquella expulsión. Es bueno señalar que entre los sefarditas no existen diferencias a la manera asquenazí (otro grupo que será tratado en otra entrada en este blog) de ortodoxos, conservadores, reformados, etc. El sefardita no tiene las mismas costumbres que los asquenazí, aunque su ritual en la actualidad se considera ortodoxo por estos últimos. Visten con muchos colores, tratan de avanzar intelectualmente en la sociedad en que se encuentren, no usan kipá ‘gorro’ regularmente solo en sus servicios sinagogales, e inclusive algunos (como los de Curazao) comen puerco y tratan de pasar inadvertidos en cualquiera de las sociedades en que les toca vivir. Hasta el momento del holocausto llevado a cabo por los nazis eran la comunidad mayoritaría en el mundo judío, pero los crímenes cometidos acabaron con el 90% de ellos.

Autor: Dr. Liber Aguiar.

[1] Gramática elemental fenicia, Frederick Forsyth, Jesús L. Cunchillos, José A. Zamora, pág. 141-154, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1997.
[2] Arakhin 10 b, y Yomá 38a y III, 1.
[3] Revista de la Universidad de Madrid, #109, pág. 237, nota 33.
[4] Corpus Inscriptionum Latinarum, II, pág. 515.
[5] Los judíos en la España antigua, L. García Iglesias, pág. 58.
[6] Ibíd., págs. 55-57.

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