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LAS DIÁSPORAS -5ª Parte

BLOG, Historia, judaismo

EL JUDAISMO EN SEFARAD.

Después de la muerte de Mahoma, surgieron enfrentamientos bélicos entre los mismos que, como hermanos, escuchaban la enseñanza del «profeta», pues algunos se consideraban más «sus seguidores» que otros, cosa que ha caracterizado a esta secta hasta hoy. Y aunque dos grupos bien definidos: sunitas (que basan su autoridad en el consenso musulmán) y chiitas (que creen en la sucesión divinamente designada a través de la descendencia de Ali ibn Abi Talib, primo y esposo de Fátima, la hija de Mahoma). Y como esta división es principalmente por un asunto de poder, cada uno de estos grupos a su vez también sufrirá sus divisiones propias desde el inicio.

Mientras la diáspora judía de España se estaba desarrollando, como vimos en el artículo anterior, desde Turquía hasta Israel dominaba el califato sunita Abasí, que era bastante hostil contra los judíos de la zona, cosa que produjo una emigración grande hacia la zona que iba desde Alejandría, pasaba por Marruecos y llegaba a la misma España (Al-Ándalus), que era dominada por otro califato sunita conocido como el Omeya.

Este último logró dominar sobre una mayoría cristiana y judía en toda la zona de una forma muy sabia, equilibrada y abierta, que permitía a cada grupo vivir en libertad e interactuar con los otros de una manera respetuosa y enriquecedora. Por eso fue en toda Al-Ándalus, incluyendo su capital Córdoba, que se gestó y se nutrió el conocido arte islámico. Gracias a la interacción de tres grupos que conformaban la sociedad: su mayoría cristiana con su Catedral Santa María Madre de Dios como centro, los judíos con su Yeshivá Talmúdica de Lucena y los musulmanes con su Mezquita de Córdoba.

Fue tan bueno este periodo entre el 726 y 1492 para los judíos que, por ejemplo, uno de los generales omeya Samuel Hanagid, que también llegó a ser el visir de Granada y un escritor muy prolífico era judío. Otros intelectuales judíos aparecieron también en este periodo abarcando ramas como la literatura, la medicina, las matemáticas y la arquitectura entre otras: Yosef ben Abitur, Isaac ben Baruc Albalia, Isaac Alfasi, Hiyya al-Daudi, Abraham ben Meir ibn Ezra, Moses ibn Ezra, Ibn Gabirol, Yehudah Halevi, Yoná Ibn Yanáh, Isaac ibn Gayyat, Yekutiel ben Isaac, Jelf ben Jelf, Dunash ben Labrat, Ibn Paquda, Selomó ben Reubén Bonafed, Menahem ben Saruq, Isaac ibn Said, Moisés ben Maimón, y muchos más.

A diferencia del cristianismo católico que se apartaba de la ciencia porque le contradecía en muchas doctrinas, el judaísmo siempre se complementó con la ciencia. Y esto no solo le permitía desarrollarse, sino que también lo hacía más popular y necesario para una sociedad en desarrollo. Sin embargo, una vez que el catolicismo a través de los reyes Isabel y Fernando (Castilla y Aragón) reconquistó toda España ya para el 1492, por su radicalismo que no le permitía lidiar correctamente con esta influencia judía y musulmana, optó por la eliminación total de estas culturas de su sociedad.

El plan fue drástico bajo la sentencia poderosa de las mesas inquisitoriales. Primero los judíos y diez años después los musulmanes, debían convertirse al catolicismo o simplemente morir en la hoguera o la horca si no se iban de España. De entre los judíos, muchos se convirtieron con la esperanza de que aquello cambiaría pronto y podrían volver al judaísmo (cosa que es lícita bajo la interpretación rabínica siempre y cuando la vida esté en juego), mientras otros salieron a nuevas tierras con la idea de regresar en algún momento y que aquella situación cambiara. Se cuenta y hay evidencias históricas de que muchas familias salieron con las llaves de su casa con la esperanza de regresar, pues ni siquiera podían llevarse mucho de aquellos más de diez siglos de presencia judía en España.

La propaganda y el rechazo orquestados por la inquisición y los predicadores cristianos con el objetivo de lograr esa «limpieza a la católica», es una de las razones por las que en la Edad Media hubo un enfoque tan estigmatizador y negativo no solo hacia el judaísmo, sino hacia la propia etnia judía, dando fuerza y desarrollando el antisemitismo que precedió a la reforma luterana y que ha llegado hasta hoy.

Los que se convirtieron al catolicismo se conocen como los anusim (conversos), mientras a los que pudieron salir se les empezó a llamar sefarditas. ¿Y por qué este nombre Sefardí? Por la interpretación de Abd 1:20 en que se identifica a Sefarad con España.

En próximos artículos estaremos hablando de estos dos grupos: Los sefarditas anusim y los sefarditas que se expandieron en nuevas diásporas por todo el mundo.

Autor: Dr. Liber Aguiar.

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